Yacimiento arqueológico "La Alcazaba" y "Torre Albarrana" - Talavera de la Reina (Toledo)

martes, 13 de enero de 2026

La Ciudad de las Tres Culturas en Blanco y Negro (Fotografías con mucha vida)

La Ciudad de las Tres Culturas en Blanco y Negro (Fotografías con mucha vida)
 
Sí nuestros abuelos pudieran ver... que sus fotografías en blanco y negro recobran vida...
 
Nuestro pequeño homenaje a esas fotografías que se han guardado durante muchos años (algunas rondan entre 50 y 100 años...), guardadas en viejos álbumes, en arcones, en marcos de la pared o muebles...
 
Gracias de corazón a todas esas personas que nos hacen ver y sentir... ese Toledo Antiguo y su Provincia...
 
MUCHAS GRACIAS A:
 
* Luis Alberto Velasco Marín 
* José Mascaraque Díaz-Ropero 
* José Alberto Real Gayo 
* Juanqui Colly 
* Julián Agudo Bulnes 
* Marisa Mateo 
* Ana Serrano 
* Mario García 
* Miguel Ángel Álvarez Pelayo 

* Leyendas de Toledo 
* España fotos de ayer 
* Fotografías antiguas de Toledo 
* Raicer@s de Torrico 
 

 
Toledo aparece en aquellas fotografías en blanco y negro como una ciudad que respira despacio, casi en silencio. No había prisa ni artificio. La cámara —torpe, pesada, limitada— no buscaba belleza: la encontraba sin saberlo.
 
Las calles eran estrechas y ásperas, empedradas por siglos de pasos anónimos. En las fotos, la luz caía oblicua, dura, marcando sombras profundas en los muros desconchados. No hacía falta color: el gris lo decía todo. Cada balcón, cada aldaba, cada esquina parecía haber sido colocada allí para ser recordada. Toledo no posaba; simplemente estaba.
 



 
Los monumentos no se mostraban solemnes como hoy. La Catedral surgía a veces cortada, incompleta, atrapada entre cables, ropa tendida o un carro apoyado en el muro. El Alcázar, herido y reconstruyéndose, aparecía como un gigante cansado, más humano que épico. San Juan de los Reyes se reflejaba en charcos irregulares, y en esas aguas sucias el gótico se volvía humilde, casi cotidiano.
 
Más allá de las murallas, los campos eran abiertos y desnudos. El Tajo serpenteaba oscuro, sin brillo, como una cicatriz antigua. Los olivares y las tierras secas se extendían hasta perderse, y en las fotografías siempre había una sensación de viento, aunque no pudiera verse. Allí el silencio pesaba más que en la ciudad.
 



 
Y la gente… la gente era el verdadero centro de aquellas imágenes. Rostros serios, miradas directas, sin sonrisa aprendida. Hombres con boinas gastadas, mujeres de negro perpetuo, niños descalzos que miraban a la cámara con curiosidad y desconfianza a la vez. Nadie sabía muy bien para qué servía una fotografía, pero todos intuían que aquel instante quedaría fijado para siempre.
 
Las manos decían más que los ojos: manos curtidas, manos sucias, manos que habían trabajado desde el amanecer. En algunas fotos, una anciana parece fundirse con el muro a su espalda; en otras, un vendedor ambulante queda congelado a mitad de gesto, como si el tiempo se hubiera detenido solo para él.
 


 
Las imperfecciones técnicas —el grano, el desenfoque, los bordes quemados— no restaban verdad: la aumentaban. Cada error era una prueba de escasez, de ingenio, de resistencia. Aquellas cámaras precarias no capturaban instantes perfectos, sino vidas reales.
 
Hoy, al mirar esas fotografías, Toledo ya no es solo una ciudad histórica. Es memoria. Es un lugar donde la piedra y la carne compartían la misma dureza, donde la luz era escasa pero sincera, donde cada imagen parecía decir en voz baja: “Así fuimos. Así vivimos.”.
Y en ese blanco y negro, tan lejos del adorno, Toledo sigue latiendo.
 



 
Toledo se deja ver sin maquillaje,
atada al gris de una luz antigua.
No hay colores porque no hacen falta:
la piedra recuerda por sí sola.
 
Las calles se doblan sobre el paso lento,
muros que han oído más de lo que cuentan.
Una sombra cruza, otra se queda,
y el día se apoya cansado en una esquina.
 
Las torres no miran al cielo:
vigilan el suelo que pisan.
La catedral respira polvo y siglos,
el Alcázar guarda silencios rotos,
nadie posa, todo permanece.
 



En los bordes del río
el agua arrastra historias sin nombre.
La tierra es seca, honesta, abierta,
y el viento escribe surcos invisibles
en los campos que no esperan nada.
 
Los rostros hablan sin voz:
ojos duros, bocas cerradas,
vidas enteras en una mirada fija.
Manos agrietadas sostienen el tiempo,
manos que no sueltan lo que son.
 
La cámara tiembla, falla, duda,
como dudaba el propio día.
Grano, sombra, luz torcida:
la verdad nunca fue nítida.
 
Y así quedó Toledo,
atada a un instante sin brillo,
negra sobre blanco,
real sobre eterno,
viviendo aún
en cada silencio revelado.
 














 
VÍDEOS
Para ver mejor los vídeos:
Pinchar primero en el círculo rojo
Después pinchar en el cuadrado (con esquinas)

M




TikTok
@david.m.r31




Orgullo es... realizar tus sueños pese a las adversidades...
 
El hombre no muere cuando deja de existir, muere cuando deja de soñar...
 
 
David Miguel Rubio
Promotor Turístico en Castilla - La Mancha
Informador Turístico
 (N° Reg. EXP/ITL/RDM-0019)
Guía de Montaña
 






No hay comentarios:

Publicar un comentario