Yacimiento arqueológico "La Alcazaba" y "Torre Albarrana" - Talavera de la Reina (Toledo)

domingo, 31 de mayo de 2026

Huérfanos del Tajo (Las almas errantes de los niños)

Huérfanos del Tajo (Las almas errantes de los niños)
 
Se ha podido verificar que en el siglo XIX existían numerosas barcas de paso en el Tajo (en Toledo, Talavera de la Reina, Malpica, El Carpio, Añover, y otros lugares) y que las crecidas del río provocaban frecuentes accidentes e inundaciones, sucesos que aparecían en la prensa de la época:
 
Desgracia en el Tajo».
«Niños ahogados».
«Víctimas de la crecida».
«Perecieron en las aguas del río».
«Barca de pasaje».
«Triste suceso».
 
 
Los accidentes de barcas y las riadas del Tajo eran relativamente frecuentes en los siglos XVIII y XIX debido a la existencia de pasos de barca antes de la construcción de algunos puentes modernos.
 
Casi nadie por entonces sabía nadar.
Muchos murieron, sobre todo los niños, que eran arrastrados por la corriente.
 
Las mayores riadas del Tajo en la segunda mitad del siglo XIX fueron las de 1856, 1876, 1885, 1895 y 1899, y la de 1876 fue considerada una de las más devastadoras de la época.
 
 
Me llamaba Tomás y tenía apenas cinco años cuando el Tajo nos reclamó para siempre.
Era el 1 de junio de 1876. 
 
Aquel atardecer... el río bajaba crecido por las lluvias de días atrás, pero nadie imaginaba lo que estaba a punto de ocurrir. 
 
Mi padre debía cruzar en la barca y llevó consigo a mis dos hermanos y a mí. No era extraño. 
 
Antes de que existieran algunos puentes, las barcas eran el único modo de pasar de una orilla a otra.
 
Recuerdo el ruido del agua. Recuerdo el viento. Y recuerdo el miedo.
 
 
La corriente golpeó la embarcación con una fuerza terrible. La barca se inclinó de repente y, en un instante, todos caímos al río. 
 
Mi padre luchó desesperadamente contra el agua y logró alcanzar la orilla. Nosotros no tuvimos esa suerte.
 
Nadie sabía nadar entonces.
Sentí cómo la corriente me arrastraba entre remolinos oscuros. Escuché los gritos de mis hermanos una última vez. Después, solo hubo silencio.
 
Nos buscaron durante días. Luego durante semanas. Pero el Tajo guardó nuestro secreto. Jamás encontraron nuestros cuerpos.
 
Han pasado muchos años. Tantos que ya nadie recuerda nuestros rostros. Sin embargo, cada 1 de junio, cuando la noche cae y la luna se refleja sobre las aguas, mis hermanos y yo emergemos del río.
 
 
Caminamos despacio, sin hacer ruido, hasta la casa donde vivieron nuestros padres. Nos detenemos junto a las ventanas y contemplamos a la familia que continuó sin nosotros. 
 
Vemos a nuestros hermanos ya ancianos, a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Escuchamos risas, conversaciones y recuerdos.
Nadie nos ve.
 
A veces creemos sentir que nuestra madre aún nos busca entre las sombras del patio, como si su corazón nunca hubiera aceptado nuestra ausencia.
 

Cuando llega la media noche... regresamos en silencio. Atravesamos los caminos dormidos y volvemos a la ribera. 
 
Allí nos espera el río, oscuro y tranquilo, igual que aquel oscuro atardecer lejano.
 
Entonces nos adentramos de nuevo en sus aguas.
Y el Tajo vuelve a cerrarse sobre nosotros hasta el próximo 1 de junio.

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Orgullo es... realizar tus sueños pese a las adversidades...
 
El hombre no muere cuando deja de existir, muere cuando deja de soñar...
  
 
David Miguel Rubio
Promotor Turístico en Castilla - La Mancha
Acreditación Oficial Informador Turístico
 (N° Reg. EXP/ITL/RDM-0019)
Guía de Montaña


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